así planchaba, así, así...

Después de una mudanza interminable y tres largos meses sin adsl me propongo retomar mi blog. Con la misma incertidumbre y altibajos.
Y claro después de planchar con placer y deleite una inmensa colada, me pregunto, como muchos compañeros y compañeras, porque las mujeres tenemos esa manía de no participar tan activamente en esto de la blogosfera.
Mi teoría, que no es mía, tiene que ver con un hecho ampliamente documentado y refrendado por mujeres feministas como Amaia Pérez Orozco o Cristina Carrasco, relativo a la doble jornada femenina y que dice así:
Teniendo en cuenta la incorporación masiva de mujeres a la esfera del trabajo asalariado a finales de los años setenta y con el calado que ese hecho tuvo para la nueva reestructuración del mercado laboral y teniendo en cuenta que las otras tareas, las de cuidados siguen hasta la fecha a cargo de las mujeres, se produce este curioso fenómeno. Ahora compartimos parte de la espacio público con los varones, pero no ha habido una trasferencia similar en el espacio doméstico.
Y desde luego, el hecho excepcional de que haya señores que asuman de forma corresponsable estas tareas no supone en absoluto que la generalidad no siga siendo que nosotras tenemos esas tareas asignadas socialmente, como así lo indican los datos de la EPA (encuesta de Población Activa) del último trimestre de 2009 y probablemente de los últimos dos milenios.
Esas tareas no son exclusivamente plancha, colada, cocina, limpieza, etc, sino también escucha, amor, economía doméstica. En definitiva toneladas de energía afectiva que regalamos diariamente al mundo.
Y eso tiene que ver con una cosita llamada contrato sexual que deriva del patriarcado. Y no es baladí, ni gratuita. Está bien estructurada y tiene una función social muy útil para el sistema.
Así que negando la mayor no transformaremos nada. Negando que ocurre no transformaremos nada y diciendo que el reconocimiento público de esta división sexual del trabajo es victimismo sólo le haremos el juego a las posiciones más retrógradas.
Y ahora me voy a planchar que todavía no he terminado…

10 comentarios:

  1. Anónimo dijo...

    Lo que pasa no es que se niegue que eso que de forma tan cursi describes, ocurra. Ocurre. Lo que se niega es que te ocurra a tí, que tienes en casa, como marido, compañero o lo que quieras a un destacado lider político de izquierdas y progresista.

    Salvo que tú misma hayas aceptado el papel de descanso del guerrero y te hayas plegado al superior interés de tu hombre y su prometedora carrera política.  

  2. sira dijo...

    Hombre anónimo, no te pongas tan melindroso. Mira desde el cariño y el respeto y pensando en tu salud mental te recomendaría que te ahorraras leer blogs que te resulten cursis.
    Yo lo he puesto en práctica con algún blog cargado de autobombo y provocaciones varias que empezaba a resultarme soporífero y aburrido y oye, estupendo.
    Y por cierto creo que nos entenderemos mejor si dejamos de lado las alusiones a terceras personas, sobre todo a las relativas a mi vida privada.

    un saludito

    PD. Por cierto, has probado el zumo de aloe? Es un digestivo magnífico  

  3. SaRa eN La CiuDaD dijo...

    Gracias Sira por reflexiones tan certeras como las que haces. Es necesario comenzar a dar un giro en el discurso con respecto a la tarea de los cuidados, es este elemento el que nos permitirá dar un salto en lo cualitativo desde la izquierda transformadora.

    Es curioso ver comentarios tan fáciles y absurdos como el del compañero anónimo que abren un espacio interesantísimo para la reflexión: ¿Por qué con los temas que afectan directamente a las mujeres siempre hay algún listo que pretende ridiculizarlos cayendo en la anécdota y en los personalismos baratos?

    Por un lado porque atacan directamente a los cimientos del sistema, este sistema que sin duda es harto favorecedor para los varones.

    Y parafraseando a Mao, Sólo quienes abordan los problemas de manera subjetiva, unilateral y superficial dictan órdenes presuntuosamente apenas llegan a un nuevo lugar, sin considerar las circunstancias, sin examinar las cosas en su totalidad (su historia y su situación actual en conjunto) ni penetrar en su esencia (su naturaleza y las relaciones internas entre una cosa y otras). Semejantes personas tropiezan y caen inevitablemente.  

  4. Hugo dijo...

    También ocurre (aunque yo pensaba que en estos ámbitos no) que hay imbéciles que toman a las mujeres como floreros y las atacan por quién sea su pareja.

    Qué asco dan algunos anónimos  

  5. Anónimo dijo...

    oiga, don puto anónimo, a mí me gusta ser desagradable, pero comparado con usted soy un niño del coro de viena.

    que sepa usted, diña sira, que yo no plancho, pero del resto me tiene frito.

    pero frito, eh? fritooooo!!!!!

    mitxel  

  6. Anónimo dijo...

    "Estimado" anónimo primero, el texto que ha generado su comentarío no tenía como fin las valoraciones personales, y el hecho de que a usted sólo le haya provocado eso da ya mucho que hablar acerca de su posición al respecto y su capacidad.

    Cuando lo importante no es debatir acerca de la idea, sino de la persona que la escribe, lo que está haciendo es contribuir en el fondo a la invisibilización de esa idea, que era lo que la entrada quería denunciar: la división sexual del trabajo y el rol que el patriarcado nos sigue adjudicando en la misma a las mujeres.

    Puestos además a querer desprestigiar a la autora y/o a su vida personal, o a su relación con su compañero, o con su gato, o que se yo.... (con tal de desprestigiar todo vale, y mejor dos pájaros de un tiro, ¿verdad?), debería usted informarse mejor y saber que ella en sí misma en una destacada lider política de izquierdas, con una prometedora carrera política y que no necesita que se la referencie en nadie.

    Cuando usted empiece a tratarla así y a referirse a ella en estos términos tendrá la posibilidad de poder debatir con ella de igual a igual.

    Mientras tanto sólo le recomiendo a esta gran mujer que no pierda el tiempo con gente como usted.


    Muchas gracias por tu entrada, Sira.
    Esther.  

  7. Anónimo dijo...

    Seguir comentando el primer ridículo comentario, es darle cancha, pero también empiezo a estar cansada de que ciertas personas se permitan el lujo de ir haciendo sangre, pretendiendo que los demás quedemos callados. Así que, me tiro al barro.
    Por partes. La entrada no es, ni mucho menos, cursi. Hablar de tareas de cuidado, e incluir en ellas la parte afectiva, es esencial, porque eso nos constituye como seres humanos sociales. Otra cosa es que, dadas ciertas educaciones y socializaciones, en cuanto aparezca la palabra amor, a algunos les piten los oídos. Pero eso, en todo caso, es una incapacidad que cada quien tendrá que trabajar como el problema que es.
    En segundo lugar, cuando una bloguera escribe sobre la división sexual del trabajo, y sobre el sobrepeso que recae sistemáticamente en las mujeres en cuanto a tareas de cuidado, abre un debate interesante y la ilustra desde su experiencia personal, que es la misma que la de tantas otras militantes de esta organización. Lo que denuncia Sira, no le ocurre a Sira, le ocurre a la práctica totalidad de la mujeres, y negarlo, como bien dice ella, no ayuda a solucionarlo. Deja muy claro el señor anónimo su interés por la cuestión, cuando la personaliza y pretende ridiculizarla, haciendo ver que se trata de un caso particular y aislado.
    Y por último me parece interesante comentar lo de “el descanso del guerrero”. La autora habla de las tareas de cuidado como algo valorable, como algo positivo, esencial (que no por ello menos pesado) y yo estoy completamente de acuerdo con ella. Por tanto, ser el descanso del guerrero, no tiene nada de negativo (aunque el primer comentario, lo prentenda), siempre y cuando, el guerrero sea también el descanso de la guerrera.
    El compañero que con tanto desdén se refiere a estas cuestiones como algo menor y marginal, demuestra una mala baba que debería hacerse mirar (hay profesionales que se dedican a ello), una intromisión en la vida privada completamente inadmisible (porque además abre vías muy delicadas) y una carencia de sensibilidad de género, digna de la caverna.
    Un abrazo Sira
    … la revolución será feminista, o no será.

    Laura  

  8. Antonio dijo...

    Coincido con el comentario de Sira, y también con el de Laura.

    Y de hecho, creo que incluso dentro de nuestro entorno, incluso en la parte sensibilizada en el tema, ocurre cierta división sexual del trabajo, en menor grado que en otras partes, pero también ocurre.

    Por lo que entiendo, que esto y también bastante los factores culturales provocan que la presencia femenina en blogs, y en política general sea inferior.  

  9. J. G Centeno dijo...

    El hecho concreto que describe Sira, y muy bien por cierto, sin atisbo alguno de cursileria, y esto es una valoración personal, es respondido, de forma abrupta, con alusiones a la vida personal de la compañera. Lamentable, y es lamentable porque destila el mismo tufillo rancio, machorro más que machista, que viene impregnando el discurso de una derecha para la que la modificación de las cláusulas de ese contrato sexual al que Sira hace referencia es tabú. Es el mismo tufillo que critica a las ministras y vicepresidentas por posar en Vogue, no por la política que ejecutan, esa derecha que es incapaz de criticar la gestión, a muy juicio merecedora de críticas muy severas, de Magdalena Álvarez al frente del Ministerio de Fomento, para criticar a Maleni por su forma de vestir o hablar, y ahí entra la referencia, absurda, al compañero de Sira. Lamentable derecha, y también una supuesta izquierda que comparte algunos de esos argumentos  

  10. Anónimo dijo...

    Muy acertado todo lo que se menciona. La división sexual del trabajo, y la responsabilidad de cuidar y dar afecto que la sociedad considera un deber nuestro como mujeres.

    Permitidme un ejemplo: ayer hablaba con unos compañeros acerca del traslado de un chico de la empresa a Arabia Saudi, para un par de años. Me comentaban que la novia se va con él y que claro, tienen que casarse, que ella allí no podrá ir por la calle (o peor, ir al médico) si no la acompaña un hombre, no podrá conducir, y tendrá que ponerse ese sayo tipo mesa camilla que sólo deja que se te vean los ojos.
    Yo aluciné y dije que si fuera mi novio, yo le esperaría aquí. Enseguida saltó la chica (??!!) del grupo, diciéndome que "hombre! cómo le vas a dejar solo al pobre"
    Y yo me pregunto, ¿cuántas chicas conoceis que le pedirían pasar por algo así (irte a un país en el que tu vida vale y tienes tantos derechos como un animal de compañía) a su novio?¿Cuántos novios conoceis que aceptarían una "aventura" (por llamarlo de forma suave) en esas condiciones?¿Por qué algo que ellos no harían ni borrachos se da por supuesto en nosotras, y si no lo haces se te mira mal?